Necesitamos establecer lo más claramente posible el marco histórico y cultural en el que comenzó el intercambio de ida y vuelta entre España y América, tema solo parcialmente estudiado.
Por lo que se refiere a España, hasta la primera mitad del siglo XV, la población esclava era en su mayoría de origen morisco, norteafricano, europeo oriental (eslavos) y berberisco. Y en menor proporción, también hubo judíos, guanches canarios y subsaharianos. Pero desde aproximadamente un siglo antes del descubrimiento de América, finales del S. XIV y todo el XV, se incrementó de manera considerable la llegada, especialmente al sur de España, de esclavos africanos provenientes de la zona norte de las costas de Guinea (actuales Senegal, Gambia, Guineas y partes de Mali y Burkina Faso).
Desde entonces un buen número de localidades andaluzas comenzó a contar con una presencia importante de esclavos de origen africano. Eloy Martín detalla en “Los sones negros del flamenco: sus orígenes africanos” las siguientes localidades con presencia significativa de esclavos negros: Sevilla, Rota, Cádiz, Ayamonte, Palos de la Frontera, Huelva, Antequera, Málaga, Almería, Guadalcanal, Lucena, Córdoba, Granada, Martos, Jaén, Cartagena, Murcia, Valencia, Barcelona, Madrid, Valladolid y diversas localidades de Baleares, Canarias y Extremadura. Para los años del descubrimiento de América, Jorge e Isabel Castellanos calculan en unos 100.000 el número de esclavos que vivían en España, de los cuales solo en Sevilla había 6.327 (Castellanos, 1988: 19).
En su artículo, Eloy Martín sostiene que Fernando Ortiz -pionero de los estudios sobre el papel destacado que jugaron los esclavos africanos en la música y el teatro español y cubano desde el siglo XVI en adelante- está en el origen de una de nuestras distorsiones en el enfoque de este tema:
«Su apasionada defensa [se refiere a Fernando Ortiz] de los cantos y bailes de los esclavos africanos en Cuba favoreció que, finalmente, olvidara las aportaciones musicales de los africanos que habían padecido la esclavitud en España con uno o dos siglos de antelación» (Martín, 2000).
(Martín, 2000)
Martín se propone «poner de manifiesto la valiosa aportación al patrimonio musical andaluz de los esclavos negros, y también los mulatos, que vivieron en la España meridional durante los siglos XVI y XVII» (Ibídem). En efecto, está por estudiar bien el intercambio musical que se debió producir entre el sur de España y África en los siglos XV y XVI, los previos y concomitantes a los de la primera época de la presencia de españoles en América.
Sabemos cosas, como la notable importancia que en algunas ciudades andaluzas adquirieron los cabildos de las cofradías de negros. A sus miembros les estaba permitido tener sus reuniones o cabildos en los días festivos. Hay datos sobre bailes de negros interpretados en las fiestas del Corpus de Sevilla desde 1477, y poco después en otras ciudades… Datos como estos ayudan a explicar por ejemplo que el tono del Guineo llegara a ser popular ya en la España de finales del siglo XV (otros términos bajo los que se conocieron a danzas de origen africano fueron los de cumbé, paracumbé, gurumbé, zarambeque, etc.).
Pero deberíamos saber distinguir bien al guineo del zarambeque o el gurumbé. O qué tenían estas danzas de africano y qué de adorno o adaptación, qué de cita o añadido más o menos superficial a los modos tradicionales de hacer música y danzas en la España de esa época.
Alguna atención al tema de la presencia africana en las músicas tradicionales españolas durante la primera época de la colonia le prestaron estudiosos del flamenco como Arcadio de Larrea (1974) y Fernando Quiñones. Ellos abrieron la hipótesis de la importancia de los afroamericanos en los orígenes del fandango, aunque entendemos que no llegaron a demostrarla (hablaremos de esto en otra entrada). Quizá porque no manejaron las fuentes musicales, hisstóricas y etnográficas, aunque Arcadio de Larrea fue organista y folkolrista además de estudioso de músicas árabes. Más modernamente se han dado pasos en el estudio más riguroso de los intercambios entre Cuba y España, a cargo de musicólogos/as como María Teresa Linares Sabio, Victoria Eli y Faustino Núñez, o por otros autores estudiosos del flamenco como José Luis Ortiz Nuevo y José Luis Navarro. Deberemos volver sobre el asunto