Seguidillas boleras. Siglo XVIII

Los fandangos (2)

1. C. Jotas, seguidillas y fandangos como músicas de fandangos.

¿Hay alguna manera de poner en relación la gran variedad de músicas de fandangos que encontramos en América, sabiendo que sólo una pequeña parte de las músicas que se cantan en ellos coinciden con la forma fandangos del sur (de España)? En lógica con lo que llevamos expuesto, el mejor modo de investigar esas relaciones a nivel formal -y también de comportamientos- es ampliar el marco comparativo a algo más que los fandangos del sur.

Los tres grandes tipos de bailes tradicionales de pareja  en España son las de fandangos, las jotas y las seguidillas (Crivillé, 1988: 203-220). De hecho en Andalucía occidental, principalmente en Sevilla, las seguidillas sevillanas (las sevillanas), son y fueron desde al menos el siglo XVI músicas / bailes muy populares. Y en algunas zonas del norte de España el término jota y fandango viene a ser equivalente y a confundirse, basta con oír atentamente la Magna Antología del Folklore Musical de Manuel García Matos. Podemos considerar a este amplio grupo de bailes y a sus músicas como músicas de fandangos. En consecuencia, nos detendremos por un momento en los rasgos que tienen en común estos tres amplios tipos de bailes.

Rasgos comunes a jotas, seguidillas y fandangos como “músicas de fandangos”

1.  Jotas, seguidillas y fandangos son músicas cantadas en coplas a solo con acompañamiento instrumental, para bailes de pareja.

2.   Los tres tipos de bailes coinciden habitualmente en el tipo de acompañamiento instrumental: una orquestilla popular con predominio de las cuerdas, destacando la familia de las guitarras rasgueadas. (A veces instrumentos de cuerda frotada tipo violín, de cuerda punteada tipo laúd o bandurria) y percusiones variadas.

3.   Las tres grandes formas presentan una estructura similar: Introducción instrumental / copla / interludio instrumental / copla /… Se cantan en sesiones de un número indeterminado de coplas: varían según la ocasión. No es frecuente el uso de estribillos, aunque pueden aparecer. A veces se introduce un estribillo en la parte del interludio instrumental.

4.  Las tres especies presentan un ritmo ternario, integrados casi invariablemente en ciclos rítmicos-armónicos de 6 o 12 tiempos sobre los que se canta una melodía no fija, sino guiada por el ciclo rítmico armónico. Las células ternarias integradas en ciclos de 6 o 12 son una constante idiomática muy extendida en todo este repertorio de bailes . No siempre se hace explícito el ciclo alterno  3+3+2+2+2. Nuestra hipótesis es que  tal tendencia quedó plasmada sobre todo en América, quizá por la interacción con los ritmos procedentes de la cultura musical africana. El proceso influyó sin duda en España desde muy al principio de la época colonial, y se puede rastrear en los aires de danza desde finales del siglo XVI o principios del XVII, como en los canarios, zarabandas y chaconas.

5.  Jotas y fandangos se cantan en cuartetas o quintillas octosilábicas, y las seguidillas se cantan en la cuartetas de seguidilla. Son estructuras muy características de las tonadas -de baile o no- de la lírica peninsular, desde la Edad Media, aunque fue a finales del siglo XV y en el XVI cuando se decantaron como predominantes (Frenk, 1977). 

6. Los modos musicales predominantes en todas estas músicas son: el modo de mi o sonoridad frigia en  los fandangos del sur; el modo jónico (o modo de do, próximo a la sonoridad mayor); y el modo eolio (o de la, próximo a la sonoridad menor). Y el modo mixolidio o de sol, que consideramos una de las sonoridades idiosincrática de los fandangos americanos, especialmente de las músicas con que se cantan las décimas. Esta sonoridad aparece, aunque muy escasamente, en las músicas tradicionales españolas, En la Magna Antología del Folklore Musical Español de Manuel Garacía Matos, por ejemplo, no llegan al 5% las músicas en esta sonoridad. La reconocemos en la música medieval de las Cantigas de Alfonso X (cantigas 29 y 383 por ej.). Nuestra hipótesis es que en España ha quedado subsumida en las sonoridades mayores, mientras que en América cobró desarrollo, quizá por influencia de sonoridades africanas. De hecho esto lo desarrollaremos más ampliamente en otra entrada dedicada a las «idas y vueltas» (Continúa).