Antes de entrar a familiarizarnos con las músicas de fandangos españoles y americanos, convendrá ampliar nuestro conocimiento sobre cómo fueron estas fiestas en el pasado. Nosotros en la tesis de doctorado estudiamos a fondo los contextos festivos de estas fiestas con baile en el sur de España. Pero nos vamos a centrar aquí en la zona del “Gran Caribe”. Para eso no he encontrado mejor texto que el de Antonio García de León.
El mar de los deseos. El Caribe hispano musical. Historia y contrapunto, (México, Siglo XXI Editores, 2002) es un libro cuya lectura (hace ya años) me sorprendió, por la belleza de su escritura, por sus contenidos y el modo de exponerlos. Si bien pienso que, como suele pasar con demasiada frecuencia -por motivos que ahora no son del caso exponer con amplitud- García de León parece eludir a veces las referencias culturales hispanas, no obstante su conocimiento del tema es tal, que no deja de citarlas, aunque en ocasiones sea como de pasada. No obstante en la citada obra hay pasajes en que las referencias a los lazos comunes (América/España) son explícitas y, como suele hacer este autor, bien documentadas.
Por ejemplo da cumplidas noticias de cómo se desarrollaron estas músicas, en el marco de las relaciones históricas y culturales entre España y América. En concreto en Andalucía, y específicamente desde Sevilla y Cádiz, desde el siglo XVI en adelante las relaciones trasatlanticas pasaron a ser, desde todos los puntos de vista (humano, comercial… y por supuesto cultural y musical), mucho más intensas que las conexiones mediterráneas. Citaremos literalmente algunos de los pasajes de esta obra.
“En el núcleo de este gran espacio formado por el intercambio comercial, y desde el último decenio del siglo XVI, una muy especial fusión ocurrirá entre los colonos venidos de la Península Ibérica -antes y después de concluidas las guerras de conquista-, los indígenas de las Antillas y la Tierra Firme y las diversas etnias africanas. Una vez que la explotación del oro de superficie hubo desaparecido de los establecimientos europeos de las Antillas, esta fusión [28] estará marcada por el desarrollo de dos tipos de actividad económica: la economía de plantación, principalmente de plantación azucarera, y la ganadería mayor, cuyas costumbres de pastoreo y crianza provienen de Andalucía y del África central.
(García de León, 2002: 27).
El Caribe andaluz será también el universo de tierras bajas tropicales, que es el entorno de las islas y los litorales del continente, donde conviven muy diferentes tiempos históricos: el de las sociedades indígenas que serían absorbidas y exterminadas en las Antillas (no así en la Tierra Firme) desde mediados del XVI, el de los agrupamientos peninsulares y criollos (…) y el de los grupos tribales africanos, trasplantados por la fuerza, segregados o integrados a esta particular “sociedad española”: curiosamente la primera que puede llamarse así a justo título, pues la dominación castellana en la misma península difícilmente implantará un sentimiento “español” sobre las demás regiones. Estos esclavos y sus descendientes (…) resultan ser a menudo, sobre todo durante los siglos XVI y XVII, los más eficaces depositarios y portadores de la cultura neoespañola [29] en el Nuevo Mundo”.
(Ibídem: 28)
“Después de Sevilla y Cádiz, y de lo que significó el puerto de Veracruz como estación de paso hacia la ciudad de México y otras ciudades del interior de la Nueva España, destacan con claridad otros dos puertos: Portobelo, en el Caribe panameño, y Cartagena de Indias en el colombiano. Ambos conectan a la Península, a la Nueva España y al Caribe insular, con el Virreinato del Perú (…). La Habana es la primera estación del tornaviaje de Veracruz y Cartagena y un puerto estratégico de influencia creciente, como se constata en los archivos coloniales (…) Un tercer nivel de tráfico lo constituyen los demás puertos: Panamá, Santiago de Cuba, Tampico, Campeche, San Juan de Puerto Rico, Santo Domingo, Nombre de Dios -al este de Portobelo-, la Guaira-Caracas, Maracaibo, Puerto Cabello y Cumaná”. García de León cita otros puertos secundarios en las Antillas Menores o litoral de la Florida: San Agustín en el Atlántico, Panzacola en el Golfo…
(Ibídem: 44).
El barroco se socializa [en América] justo cuando en Europa tiende a desaparecer. Alude García de León al nuevo elemento popular de la zona influido grandemente por lo popular hispano y también por lo africano que va creando estilos y variantes regionales que llegan hasta nuestros días.
“Las formas literarias, fundamentalmente andaluzas, fijan estos elementos a partir de ciertas preferencias de ritmo poético que estaban ya contenidas en los romances, la poesía hispano-árabe, las octavas reales, redondillas y décimas, aproximándolas a las variantes criollas afroesapañolas Todas estas formas predilectas -primero impuestas y luego apropiadas- se remiten en última instancia a la frase octosilábica, tan característica del habla castellana y galaico-portuguesa, aunque también a otras [50] formas, como a la irregular seguidilla derivada del zéjel árabe-andaluz -o a las versificaciones de cinco o seis sílabas-, que tendrán un éxito particular”.
(Ibídem: 49-50).
Recuerda García de León que las formas de fiestas y representaciones públicas tipo procesiones y ciclos de carnavales impuestas inicialmente, serán poco a poco apropiadas y transformadas por el pueblo dando paso a nuevos contenidos dancísticos, literarios y teatrales, amalgama de influencias europeas y africanas.
La literatura española del Siglo de Oro sería uno de los mejores ejemplos de la permanente recuperación de las formas tradicionales y de la inserción de sus formas cultas en la corriente de la poesía cantada tradicional en todo el mundo hispánico. Los mejores exponentes de esta literatura –Lope, Calderón, Quevedo…- no son imaginables sin el venero del cancionero popular de su época, que en muchas regiones del mundo hispano se sigue recreando en el curso continuo de lo tradicional. En un momento, además, en que la poesía aún no se separaba tanto de su sustento musical (siglos XVI y XVII).
(Ibídem: 58).
A propósito del cancionero ternario caribeño [Argeliers León, Del canto y el tiempo. La Habana, 1974: “Música guajira”, pp. 91-110], nuestro autor escribe que…
constituirá desde el siglo XVII, por lo menos, un piso folklórico común. Este primer cancionero de raigambre hispánica -hoy fragmentado, disperso e incomunicado entre sí-, se seguirá reproduciendo en algunos complejos que apenas se reencuentran, como en el de la décima espinela cantada con plantas musicales de 6/8, casi idénticas para toda la gran cuenca caribeña y todo el continente. Este cancionero, hoy todavía rural y ganadero, es de origen fundamentalmente hispánico, y en él pueden distinguirse dos niveles: un nivel antecedente, en el que se incluye el punto cubano, el galerón venezolano y otros géneros rurales en Colombia, Panamá, México, etc.; y un nivel más elaborado, que comprendería especies que se han prestado al culteranismo, como la guajira cubana, el joropo venezolano, las variantes del huapango mexicano del Golfo, etc.
(Es precisamente en este cancionero ternario en el que nos centramos en nuestro blog, así como en sus conexiones hispanas y africanas).
(En este cancionero) … se vuelven tradicionales las preferencias literarias que hoy conservan en este continente y con mayor pureza, las plantas “cultas” del Siglo de Oro (…) las coplas en forma de cuartetas, quintas y sextas (generalmente octosílabas), las décimas en todas sus variantes (octosílabas, con diversas estructuras métricas pero predominando las popularizadas por Vicente Espinel desde fines del XVI), las decimillas hexasílabas (Puerto Rico…), octavas reales (Sierra Gorda mexicana) seguidillas simples y complejas (…), formas que siguen siendo populares en Andalucía y que aparecen en la mayor parte de los entremeses y comedias [66] del siglo de Oro y que después se popularizarán en la tiranas y boleras del XVIII.
(Ibídem: 65).
En la pag. 66 de la citada obra observa que la difundida por Vicente Espinel desde 1591… y casi desaparecidas en la Península, se ha implantado en América, siendo uno de los recursos poéticos tradicionales del Caribe. Igualmente observa que su práctica se extiende en la actualidad desde Nuevo México y Luisiana, las Filipinas o Canarias, hasta Patagonia… Y la califica de “la más lograda invención literaria del Siglo de Oro, asentada a pesar de su complejidad en el seno de lo tradicional americana”. Se nos ha alargado más de la cuenta el resumen de los textos de García de León, así que ampliaremos este tema en una próxima entrada.