Panda de verdiales de Periana, Málaga

Los fandangos como fiesta (5)

A propósito de los fandangos, Gracía de León observa:

“Entre los aspectos comunes al cancionero ternario caribeño sobresale en toda el área la fiesta popular conocida como fandango, término que también, y desde el siglo XVII, alude a estos bailes zapateados y también a un género o tonada en tono menor [entre otros matizamos nosotros], que desde fines del XVII aparecerá como fandango en la música escrita, en especial en la Nueva España. En el siglo XVIII se le menciona como fandanguillo bombeao en Santo Domingo y Puerto Rico, y aún se conserva como fandanguillo con bombas en la costa de Veracruz: en estos casos las bombas son coplas recitadas que acompañan a la secuencia musical, allí también llamada justicias. El fandango aparece ya en la música culta extremeña, novohispana y de otros países americanos desde la segunda mitad del XVII, o como composición de “ida y vuelta” en los fandangos para guitarra de Santiago de Murcia o los escritos para tecla, de Bocherini y el Padre Soler hacia fines del XVIII. Piezas que influirán en los fandangos, joropos y pajarillos que con solos de arpa se ejecutan en los Llanos de Venezuela y Colombia.

García de León, 2002: 67.

Sobre el a veces discutido origen del fandango, cita García de León un texto que en Santo Domingo lo relaciona con los españoles: Moreau de Saint-Méry, Descripción de la parte española de Santo Domingo, edición 1944: “el bailecito llamado fandango, acompañado de percusiones y una guitarra de bajo punteado, llamada bordonúa, y “común entre los españoles que lo bailan a la moda morisca”, además de en Veracruz o en Venezuela o Puerto Rico dentro de los bailes de bomba o bailes de garabato llamados cadenas, fandanguillo, son duro, matatoros.. en donde se cantan décimas y seguidillas. Ubica por tanto, a las tonadas y sones y danzas en la secuencia interna de los fandangos rurales desde el XVII hasta hoy.

García de León también entra a la caracterización del conjunto instrumental: «Orquestaciones de cuerdas, con una mayor o menor agregación de instrumentos neoafricanos (maracas, Güiros sansas, marímbulas, cajas y atabales) caracterizan a todo este complejo regional. Arpa diatónica instrumentos de rasgueo o golpe y guitarras melódicas punteadas de cuatro o cinco cuerdas (resto de la guitarra barroca de cinco órdenes)» (Ibídem: 70).

A partir de la página 101 escribe sobre el fandango como fiesta:

«Todos estos grupos humanos productos del mestizaje se expresaron en los siglos XVII y XVIII en la fiesta llamada “fandango”, marmita fundamental en la que se cocinaron estos géneros de tradición común y que desde fines del XVII y con ese nombre transitó de regreso a España como un baile de pareja por modo menor (ojo).

Argumenta García de León [deficientemente a nuestro juicio] la procedencia del fandango como de tierras americanas (lo ve indiscutible), por estar “avalada por el Diccionario de Autoridades (1742)» al definirlo como “baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias, que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo”.

Nuestros ilustrados del siglo XVIII en España sabían de algo, pero desde luego no de folklore, no era su fuerte el tema de las tradiciones populares. Es cierto que el complejo del fandango adquirió su mayor desarrollo en América. Pero como el propio autor escribirá poco más abajo, muchos elementos culturales de origen español se desarrollaron con más fuerza en tierras americanas que en la propia España. Determinadas plantas que cruzaron el Atlántico arraigaron más fuertemente en América. Solo sabemos de la existencia de estos fandangos, tanto en tierras americanas como en Filipinas, allá donde hubo pobladores de origen español. Así por ejemplo García de León, a continuación de este texto (pag 103) escribe que “entre los negros de Haití perduró como fandan, definido allí como una “danza española”. En nota 56 observa que la palabra fandango es afroespañola, muy posiblemente derivada del kimbundu fanda, “fiesta”, y la terminación española –ango. Por desconocimiento, no nos pronunciamos sobre este particular.

He aquí una definición de fandango como fiesta que propone nuestro autor [103]:

“Series completas de especies musicales, danzas en su mayoría zapateadas, composiciones versificadas fijas, formas comunes para el acompañamiento de la décima espinela, consejas populares, series de instrumentos de cuerdas (en especial de la familia americana derivada de la guitarra española de cuatro o cinco órdenes y de la vihuela y la bandola), variadas formas de percusión, se encuentran repetidas y con pocas variaciones en las costas de Veracruz, el interior panameño, el campo cubano en occidente y oriente, el interior del Santo Domingo español y Puerto Rico, los llanos interiores de Colombia y Venezuela, el oriente venezolano y la isla de Margarita. La mayor parte se agrupan alrededor de la fiesta del fandango. Una relación muy cercana también muestran con ciertas variantes de los géneros isleños de Canarias, Azores y Madeira y Cabo Verde y los géneros de Andalucía y el Algarve… y continúa: “en la actualidad muchos rasgos que vinieron de Andalucía y que después constituyeron los géneros “de ida y vuelta” se han conservado mejor en los territorios americanos que en el sur de ña Península Ibérica.

(García de León, 2002: 103)

Este cancionero ternario lo califica de “piso” (sustrato) folklórico particular, que llamará la atención de los viajeros en los siglos XVII y XVIII.

Para principios de ese último siglo, “fandanguear” es la diversión predilecta, en especial los fines de semana y días festivos, en todos los entornos campesinos y ganaderos del Gran Caribe. Grupos de campesinos criollos y mulatos, hombres y mujeres, se reunían con sus instrumentos de cuerda y percusión alrededor de una tarima de madera, a la luz de un candil, y zapateaban durante la tarde y la noche. Allí se cantaban décimas, en glosa y enlazadas, se echaban relaciones, y se cantaban versos en muy diversas métricas, sabidos e improvisados, constituyendo la fiesta una buena ocasión para la socialización de una o varias aldeas y gran motivo para los encuentros amorosos, los pleitos y las francachelas. Las danzas suelen ser de parejas de hombre y mujer, o ser también de un grupo de mujeres engalanadas (…) bailándose a menudo “la gala”, que consiste en poner muchos sombreros en la cabeza de la bailarina y retribuirla con un peso de plata originado en el situado que viene de la Nueva España o anudando con los pies, como en la Bamba de Veracruz o en el zapateo [106] cubano, una banda de burato (la faja usada a la cintura por guajiros y jarochos). Cita un texto de Puerto Rico en que los jíbaros fandangueaban hasta altas horas de la mañana del domingo y extenuados por el esfuerzo y la pasión que ponían y bebidas, la Iglesia se quejaba de que por eso no cumplían con el precepto dominical…

(Ibídem: 105-106)

Con todos estos datos de ésta y de anteriores entradas, estamos ya en condiciones de abordar asuntos más específicamente musicales de los fandangos.